Un país incongruente
David
González
UN
PAIS INCONGRUENTE
"El hombre nace bueno y la sociedad lo
corrompe" (Rousseau, 1762)
Los colombianos somos mundialmente reconocidos por ser
personas muy carismáticas, recursivas, creativas, hospitalarias y trabajadoras,
rasgos que son muy comunes en la mayoría de nosotros. De igual manera, algo muy
arraigado en nuestra cultura es el observar y criticar sin hacer retrospección,
es decir, mirar si lo que estoy criticando de casualidad lo estoy haciendo para
no ser incongruente entre lo que hablo y lo que hago. El mejor ejemplo para
mostrar aquello es la forma en la que se habla de política, en donde discuten
sobre cómo afecta los gobiernos corruptos al país, pero sin darse cuenta que el
mismo pueblo también maneja sus respectivos niveles de corrupción. Qué se puede
esperar de una sociedad y una cultura que busca constantemente la trampa, la
ventaja y alaba siempre al que es “vivo” para conseguir lo que quiere, sin
importar a quién afecte. De aquí es muy cierto lo que dijo Winston Churcill
(__) “Cada pueblo tiene el gobernante que se merece”.
¿Será que la corrupción solo sucede cuando la gente
adquiere poder? o ¿Siempre ha estado presente y lo manejamos en las diferentes
actitudes y acciones que hacemos a diario? El poder es solo un incentivo, mas
no es la raíz, pues desde jóvenes hemos crecido con la idea de que hay que
ganar o conseguir lo que se quiere sin importar cómo así toque pasar por encima de alguien. El término corrupción
viene de la idea de ser moralmente alguien malo, deshonesto, aprovechado y
egoísta pues alguien corrupto busca alcanzar sus objetivos sin importar que en
el camino afecte a los demás.
Lamentablemente desde pequeños presentamos actitudes
que, al no ser corregidas a tiempo por la familia o la escuela se va a seguir
presentando en el adulto. Los niños normalmente tienden a robar golosinas, aun
sabiendo que no deben porque está mal; sin embargo, lo hacen y si ningún adulto
se dio cuenta de lo sucedido y por ende no se dio la corrección necesaria, es
probable que siga presentando estas conductas inapropiadas.
De igual manera, sucede cuando mienten para conseguir
lo que desean, como cuando se hacen los enfermos para no ir al colegio. Si lo
extrapolamos a la vida política, esto se evidencia constantemente en los
discursos de los diferentes partidos políticos, pues cada uno es capaz de
prometer cosas inalcanzables con tal de contentar al electorado y hacerlos
simpatizantes a sus respectivas ideologías.
Ya un poco más grandes, cuando jóvenes, se evidencian
casos aun más graves de engaño en la escuela o la universidad, tales como el
plagio, en el que se atenta no solo con derechos patrimoniales sino también con
derechos morales. Para presentar los trabajos los jóvenes siempre tienden a
buscar el camino fácil y para esto buscan copiar las obras o ideas ajenas, pero
el problema es que lo realizan sin reconocimiento a la persona autora de éstas
y mucho menos sin su autorización.
Cabe destacar, que casi ningún colegio enseña que hay 10 clases de plagio y es muy fácil caer
en él si no se conocen. Por esta razón, es trascendental enseñarles a los
jóvenes no solo las consecuencias que conlleva el cometer este tipo de
infracciones, sino también la importancia de respetar la autoría de las ideas y
obras ajenas. Hay unas más recurrentes y a la vez, unas más graves que otras,
pero de todas maneras atentan con los derechos de autor. Las más graves son en
las que se copia y pega en un trabajo o parcialmente en un documento. Incluso
con solo parafraseo, la gente cree que no es plagio, pero sí lo es y puede estar
cometiendo un delito ya que no es solo las palabras iguales sino también la
idea. Muchas universidades al no enseñar y sancionar estos actos generan que
los jóvenes sigan incurriendo en este tipo de prácticas, produciendo
profesionales ignorantes y desinteresados por respetar las normas de la
sociedad.
De hecho, lastimosamente este tipo de prácticas
desleales también se ven en la política colombiana; por ejemplo, en los
discursos políticos se pueden encontrar muchas frases, ideas y cuestionamientos
que no son propios de los políticos que las expresan, lo que genera
incongruencia en lo que dictan las leyes y de la manera con que actúan los
mismos dirigentes del país.
Hay que tener en cuenta, que la consecuencia de no
educar a los niños y jóvenes, conducirá que en la edad adulta resulten
individuos ignorantes, envidiosos y ególatras que solo buscan el bienestar sin
importar a quién afecten. Los ejemplos son tan comunes y evidentes a la luz,
que preocupa que sea tan normal tener este tipo de prácticas incorrectas y que
nadie haga nada al respecto, como es el caso de los conductores que cometen una
infracción de tránsito y se “zafan del problema” sobornando a las autoridades.
Creen que aquí no se afecta a nadie, pero están corrompiendo a los policías y
volviéndolos hambrientos de dinero fácil y prospectos de personas que abusarán
del poder para conseguir lo que quieren. Cabe destacar otro ejemplo, que es el
de colarse en el transporte público cuando nadie está vigilando, afectando a
todo un sistema, pues al multiplicar esta acción por mil, genera desfalcos
económicos en la empresa prestadora del servicio.
Entonces, ¿Por qué criticamos a los dirigentes
políticos por sobornar jueces o por abusar del poder para conseguir contratos y
dinero ilícito? Si nosotros realizamos las mismas acciones corruptas en
diferentes momentos de la cotidianidad que están
al alcance de nuestras manos.
Finalmente considero
que no es cuestión del candidato, del partido político o de la persona que alcance
el poder, pues cualquiera que llegue con la
manera en la que piensa nuestra sociedad, van haber casos de corrupción, es por
ello que la solución está en modificar esa cultura y pensamiento: no importa
cómo se llega a la meta, con tal de ganar (el fin justifica los medios). Esto
se puede lograr mediante la educación no solo de los niños y jóvenes, sino
también en los adultos para que no se sigan dando casos como los anteriormente manifestados.
La gente aclama por cambios, reestructuraciones y cosas nuevas, pero estos
nunca se van a dar si nosotros como pueblo no cambiamos primero, pues a lo
largo del escrito se pudo evidenciar que el poder no es la razón por la que se
da la corrupción, la base de este mal es la
ignorancia.
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